Ni el árbitro, ni ningún asistente.
A consecuencia de no hacer su trabajo correctamente (por ignorancia, por estupidez, o quien sabe si por CAGALERAS) su errónea decisión y pésima profesionalidad de conceder un gol en flagrante fuera de juego, un equipo ha bajado a segunda división, cuando debería haberse quedado en Primera.
En otros países cuando ocurre algo así, es prácticamente sinónimo del fin de ese árbitro / asistente en la élite del fútbol profesional.